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Sección: ACTITUD CURATIVA   << -  >>

Cambiando las conductas

En este artículo quiero hablar de un tipo de conducta que se vuelve en contra de nosotros, como es el caso de ese desencadenamiento de pensamientos que a veces nos asaltan absurdamente y que nos dominan sin que los podamos evitar ni controlar hasta que terminamos siendo esclavos —y victimas— de las fantasías más exageradas.

Estamos esperando a alguien, a nuestra pareja, por ejemplo. Por una razón que desconocemos, esa persona se atrasa. Pasan quince minutos, media hora, y por más que nos impacientamos y nos ponemos cada vez más nerviosos e intranquilos, no aparece.

Hacemos un esfuerzo pero no podemos evitar una secuencia de ideas cada vez más funestas, que van cobrando dramatismo a medida que el tiempo avanza. Las preguntas nos atormentan: ¿Habrá tenido un accidente? ¿Habrá encontrado otro amor y me estará traicionando? ¿Querrá dejarme y no se animó a decírmelo? ¿Ya no le gusto más? ¿Se aburre conmigo?

A primera vista podríamos suponer que la aparición de estas aprehensiones se debe pura y exclusivamente a la tardanza de la persona que esperamos. Más profundamente debemos sin embargo advertir que dependen exclusivamente del sujeto que los tiene y no del hecho objetivo en si. Ante un mismo estímulo (como es el de la tardanza en este caso), no todas las personas van a suponer lo mismo, dependerá del mundo emocional de cada uno y de los modelos de pensamiento que rigen su vida y la condicionan. Una personalidad melancólica y depresiva, con muy poca autoestima, no necesita de ninguna situación demasiado especial para generar pensamientos de la índole señalada. Sin embargo, en mayor o menos medida, todos estamos capacitados para modificar la forma de captar y juzgar los hechos que nos afectan.

Cuando un suceso nos conmociona, ese suceso pasa a ocupar la totalidad de nuestra mente, generándose una avalancha de pensamientos. Estos pensamientos afectarán nuestro estado de ánimo e incidirán sobre nuestra forma de reaccionar y de actuar. Si logramos la forma de pensar cambiará también nuestra conducta a seguir, pues nos permitirá reinterpretar los hechos y no caer necesariamente en la trampa de los pensamientos negativos. Es posible lograrlo porque al interpretar y juzgar un acontecimiento, lo que estamos haciendo es una introspección, es decir que nos estamos comunicando con nosotros mismos. Ese contacto con nuestro interior y ese análisis de nuestros pensamientos es o que en definitiva nos permitirá cambiar la conducta. En lugar de dejarnos llevar por los pensamientos que nos surgen involuntariamente y en sucesión casi arrolladora, y en ligar de aceptarlos como válido, podemos ser capaces de tomar distancias y de advertir su falta de racionalidad. Esto significa que si logramos reemplazar nuestros modelos negativos de pensamiento por otro positivos y más ajustados a la realidad, también nuestra conducta y nuestro mundo emotivo cambiarán.

Es cierto también que esos modelos negativos de pensamiento no nos surgen de la noche a la mañana sino que son el producto de pautas y consignas fijadas desde muy atrás en nosotros. Pero la mente tiene capacidad de reacción. Conocer sus mecanismos obrará en bien de nuestra salud.

En un próximo artículo volveré sobre estos temas y daré más pautas para mostrar cómo podemos lograr el autocontrol, cambiar modelos de pensamiento y modificar la conducta.

Lic. Teresa González

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