¿Cómo es el amor?
No tenemos que pedir a otro ser humano lo que tenemos que trabajar en nosotros. EI amor no es compulsivo, es equilibrado. No tiene desesperación, no es impulsivo, y sólo una persona que esté dispuesta y bien entrenada en amarse y aceptarse plenamente puede experimentarlo. La capacidad de amar a otra persona surge de un corazón lleno, no de uno vacío. Esto crea un terrible dilema para tantas mujeres con una niñez melancólica y un corazón vacío, solitario y anhelante. Han pasado su vida adulta buscando con fervor a la persona que pudiera borrar ese dolor. Al ver que esa búsqueda, en lugar de traer alivio, provocó más dolor, (¿dónde está "él"?, pregunta), porque "él" es la respuesta, la esperanza, la necesidad. Mediante la intensidad y el ardor de esa búsqueda, convierten la relación en una verdadera religión y colocan a sus pies las más grandes cargas.
Lo que piden a una relación es que proporcione un sentido de identidad y propósito, que elimine la sensación de aislamiento y mitigue el miedo al abandono. Existe la expectativa que si están con la persona "adecuada" se sentirán a salvo en un mundo peligroso y estarán protegidas de la amenaza de pérdida, separación y muerte.
Esperan que la relación perfecta las convierta en mejores personas y las cure de defectos y fallas humanas, insatisfacción, envidia, orgullo y desesperación y que las haga más tolerantes con los defectos y las fallas de los demás. En resumen, piensan que una relación debe hacerlas perfectamente felices. EI hombre con quien están se convierte en el Poder Superior, en la fuente de curación para todo dolor, en respuestas para las preguntas y en todo lo que les falta y no tienen bien desarrollado. ¡Qué expectativas peligrosas!
Una relación con otro ser humano, ya sea progenitor, pareja o hijo, nunca tuvo el propósito de brindarnos todo eso. Una relación puede proporcionar compañerismo cierto grado de comprensión y la oportunidad de aprender más acerca de quiénes somos. Una buena relación de pareja incluye ternura, afecto y sexualidad. Pero no está en ella proporcionar el resto. La lucha con la angustia y el miedo al futuro, las necesidades de identidad y seguridad, el ansia de hallar un significado y un propósito en nuestra vida, la necesidad de conformarnos con la pérdida y la muerte sin rendirnos a la desesperación ni a la amargura, son cuestiones que pertenecen a la esfera de la búsqueda espiritual, no a la esfera de la búsqueda de relaciones. No tenemos por qué pedir a otro ser humano lo que necesitamos pedir a Dios. O lo que tenemos que trabajar en nosotros mismos sanando el vacío y el dolor existente.
Mientras insistamos en hacerlo, no encontraremos lo que buscamos.
Lic. Teresa González |