Crisis y fortalecimiento
Nuestra
situación no mejora y no hallamos la fórmula para revertirla.
Esa situación puede estar relacionada con nuestra vida
afectiva, laboral, de relación. De pronto comenzamos
a damos cuenta de que nuestra manera de actuar y de
reaccionar ya no aporta buenos resultados, advertimos
que los patrones de conducta por los que nos hemos guiado
toda la vida no nos sirven. Deberíamos modificarlos;
más que eso: deshacernos de ellos. Ante esa perspectiva
nos invade el temor, puesto que siempre nos apoyamos
en esos patrones de conducta. Entramos en crisis, nos
deprimimos. Nuestra autoestima termina, como solemos
decir, "por el suelo". Incluso, hasta "nos
sentimos debilitados.
Muchas veces se afirma, de una empresa, de un país, que está pasando "por una crisis de crecimiento”. A nosotros nos sucede algo similar. Esos momentos en que cuestionamos nuestros valores y conductas pueden ser el prolegómeno, la señal, de un inminente desarrollo, como si tomáramos distancia para ver mejor; un descanso que nos tomamos, un resuello.
Porque no toda depresión es negativa, no toda crisis lo es
Por ejemplo: toda su vida alguien soñó con independizarse
como trabajador, pero él tiene incorporado que eso es
malo; lo bueno es la tranquilidad de un empleo, asegurarse
un sueldo, por más miserable que sea. Así le aconsejaron
siempre sus padres quienes, por supuesto, deseaban lo
mejor para él.
Un día, la vida lo pone frente a otra realidad; sus padres estaban equivocados, le marcaron un camino que no le hizo feliz; les obedeció por estima, por piedad, por no animarse a contradecirlos ni entristecerlos. Ahora quiere romper el molde. He ahí una crisis que puede ser de crecimiento. ¿Saldrá de la depresión que por el momento lo ata y tratará de cambiar? ¿O caerá en una irreversible falta de autoestima mientras sigue atado a su miedo de intentar otros emprendimientos? Y la voz que lo inmoviliza: sigue así, eso es lo bueno, no te arriesgues, no cambies. Es lo que te enseñaron y aprendiste, lo que hiciste siempre.
Insistamos, entonces: cuando se comprende que el molde en el que nos encasillaron carece de las bondades que en su momento nuestros mayores le atribuyeron y lograron que las hiciéramos nuestras. Entramos en crisis y la autoestima decae. Tenemos que cambiar para recuperarla, "sacudirnos".
¿Podremos? La posibilidad de modificarnos no depende exclusivamente de nuestro esfuerzo; si todo se resolviera con la voluntad, nadie tendría problemas. Pero los momentos de dudas, temores y cuestionamientos, que podríamos casi catalogar como positivos, sirven para una toma de conciencia. Si no nos impulsan a un cambio real, al menos nos quitan el velo de los ojos. Quizá necesitemos un apoyo, una orientación, alguien capacitado para que poco a poco nos ayude a obtener esa fortaleza que ahora nos falta.
Lic. Teresa González |