Las dos clases de estrés
Daré algunas especificaciones que estimo serán de mucha importancia para que todos tengamos una idea más acabada de lo que queremos significar al referirnos al estrés. Cuando decimos estrés estamos señalando que hay una agresión contra nuestro organismo, agresión que nos produce molestia, que nos desacomoda.
Tal es el caso del ruido, y por eso se dice que el ruido de las ciudades produce estrés, que nos estresa. Otras veces, las presiones estresantes no tienen origen físico sino psíquico, como son la lucha por la subsistencia y la rivalidad a las que nos empuja la vida tan competitiva de hoy.
Esto significa que el estrés es un producto interactivo que se genera por la relación del hombre con su medio ambiente y que implica —según un concepto desarrollado por Hans Selye—la presencia de una presión y nuestra reacción a ella.
Siguiendo con tal concepto, debemos decir entonces que, para que se produzca estrés debe haber primero una agresión. Nuestra clase de respuesta a esa agresión determinará el grado de nuestro estrés.
El estrés se produce siempre, aunque en los casos normales la persona reacciona adecuadamente y se adapta a las circunstancias, sin desequilibrarse o enajenarse. En el estrés patológico, las cosas ya no ocurren así: el individuo responde de manera inapropiada y defectuosa, sin lograr acomodarse a los hechos y perdiendo el dominio de la situación. Ello puede terminar en un mal funcionamiento de todo su ser, con alteraciones en lo psíquico y en lo físico, y con deterioros en su conducta. Estos trastornos pueden ser transitorios, pero a veces se vuelven duraderos o crónicos.
Lic. Teresa González |