Pensar en uno mismo II: Hay que cambiar de
actitud
Aconsejar a alguien que se ocupe más de si mismo que de los demás puede parecer una indicación egoísta y descarnada. No es así en el caso de esas parejas en las que uno de los miembros vive pendiente del otro hasta el sacrificio y aún en detrimento de su propia salud.
La depresión, las enfermedades, las frustraciones o los fracasos de los demás movilizan nuestra piedad y nuestro deseo de ayudar y de hacer todo lo que podamos por ellos. Pero ayudar es una cosa, someterse es otra, sobre todo cuando esa supuesta ayuda no surge del amor y la comprensión sino de la culpa y de la carencia de autoestima.
Muchos hombres y mujeres pasan por mi consultorio soportando una carga así. Están agobiados, viviendo como en un encierro, con los nervios a punto de estallar. A menudo lloran, y solo comienzan a aliviarse cuando se dan cuenta de que los estoy escuchando con atención, cuando advierten que puedo hacer algo por ellos, ayudarlos. ¡Están desangrados de tanto dar sin recibir! ¡Cuánto necesitan que alguien se ocupe de ellos alguna vez!