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Sección: RELACIONES ADICTIVAS   << -  >>

Relaciones que no nos dejan elegir

Habitualmente se confunde el amor sano con el estar “enceguecido por amor”. El amor es ciego cuando incapacita para realizar un análisis realista de la situación, cuando se deposita en la otra persona todas las ilusiones, cuando se cree que es la única persona que nos puede dar felicidad, seguridad y sostén. El problema existe cuando algunas personas no superan la etapa de la ceguera normal en un primer momento de la relación. Un caso típico es el de aquellas personas dependientes.
Obsesionarse por una persona o por una relación es síntoma de adicción.

Generalmente suele darse porque la persona se siente tan necesitado, tan inseguro que se aferra al otro como si fuera “su salvavidas”. Este no es el deseo normal de un amor saludable, sino un deseo constituido originalmente desde lo enfermo, lo que produce una severa distorsión de la realidad, lo cual conlleva a una falta de criterios e inestabilidad gravísima en todas las áreas de la vida, que termina en un profundo sufrimiento, y a veces en situaciones catastróficas.

Las personas más proclives a la dependencia son las que tienen baja autoestima y una inseguridad constante, llegando la mayoría de las veces, en el caso de las mujeres; a dejarse maltratar por sus parejas, con tal de no ser abandonadas (que para ellas es equivalente a la muerte). Es una necesidad patológica de apegarse a alguien para sentirse seguras.

Hay distintas formas de adicción al amor, por ejemplo la adicción a una relación se basa en personas adictas a la idea de tener una relación, y no de amar a una persona. Existen dos tipos, los que rompen y reinician relaciones, y los que se aferran a los efectos reforzantes de su relación. (“Te odio pero no puedo estar sin vos”). Lamentablemente muchas personas se mantienen unidas por distintas otras razones que por amor.

Para evitar este profundo sufrimiento que mis pacientes me transmiten, yo trabajo con ellos de manera que juntos podamos “construir” una relación afectiva sana y un amor verdadero.

Lic. Teresa González

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